Te veo en todas partes. No sé cómo lo haces, pero parece que
no nos hemos alejado lo suficiente.
Cierro la maleta y echo a andar, así, con lo puesto en un viaje que me
llevará lejos de ti y del gran error que supones. Nunca había perdido nada, y
de repente te pierdo a ti. Sé que ha pasado un tiempo, y sé que el tiempo no
juega a favor del amor, sé que me acabaste olvidando, y la gente por ahí
rumorea que incluso conociste a alguien mejor. Me da palo acercarme a hablarte,
me acojona que me mires con ésa mirada tan tuya y acabe derritiéndome ésta vez,
y que ésta vez sea demasiado tarde.
Quiero pedirte perdón, necesito pedirte perdón, y escribirte
esta carta es la única forma en que me atrevo. Sé que no te la enviaré. Sé que
no la leerás.
Ahora estoy en la estación de tren, viendo cómo otro par de
enamorados se despiden en un andén. No sé dónde voy, pero quiero llegar ya.
Miro por la ventana y joder, qué bonito éste atardecer para
emborracharse. Saco tu perfume y mojo mi muñeca. Respiro hondo, y ya casi
parece que te tengo aquí. Abro la cartera y saco ésa vieja foto que aún
conservo. El olor de la vainilla se cuela en mis entrañas, y se me empañan los
ojos cuando la veo. Ahí estás tú, y ahora sí que parece que estás aquí. Estás
aquí, como aquellos años en los que jugábamos en el patio de la guardería.
Estás aquí, como en todos mis cumpleaños, pero éste es distinto al de hace un
año, y a todos los anteriores.
En éste, solo está tu recuerdo presente.
El pasado no faltaste. En el pasado nunca me fallaste.
Me sorprendiste con ésas entradas para el concierto de
Vanesa Martín. Porque sabes que sólo amaba a dos personas en el mundo; a ti y a
ella. Y fuiste conmigo. Soportaste horas de cola al sol, solo por estar conmigo
en ése momento tan especial. Secaste mis lágrimas cuando salió al escenario, y
callaste las de cuando acabó a besos en el salón de tu casa. Tu ropa y la mía
esparcida, nuestros cuerpos expuestos a un placer que sólo alcanzaríamos
juntos. Juntos para siempre.
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