Sé que sigues yendo a cualquier sitio a pagar, y sigues
conteniendo la respiración cuando ves mi foto. Te siguen temblando las seis
cuerdas del alma cuando habías olvidado la fotografía, y vuelves a verla. Sigue
resquebrajándose el hielo de tu frío corazón, y yo me quedo aquí, entre
avalanchas, a punto de morir de frío porque una vez más a mí se me volvió a
olvidar salir abrigado de casa.
Ahora estoy sentado en el bordillo de la terraza de uno de
los rascacielos más grandes que hay por aquí, fumándome un cigarrillo. Y tú
sigues odiando besar bocas que sepan a nicotina. Y tú sigues odiando el humo.
No eres consciente de que tú eres el incendio que quema de frío. Eres la llama
apagada. Eres las cenizas y el cenicero. Lo eres todo para mí. Tu vida eran los
renglones donde mi poesía se sentía viva. Por tu espalda han pasado los versos
más sinceros que jamás he escrito.
Tengo la puta manía de hablar de ti en presente, de mirar un
futuro para dos. Un futuro para esos dos idiotas que se quedaron atrapados en
el pasado.
Me han dicho que has vuelto a usar ésa falda que tanto me
gustaba, sólo espero que no haya bailado por tus caderas hasta el suelo de la
habitación de otro, sólo espero , amor, que otro no te haya dicho en todos
estos meses que ésa es la falda que mejor te sienta.
Apenas sé de ti. Apenas la gente me cuenta cómo te va, y
aunque el otro día sí, generalmente se me da mal enterarme de si me has
olvidado o si para ti fui tan importante como para desear hacerlo. Hace meses
que me arropa tu ausencia. Tu frío y hueco corazón me dejaron a un lado hace
demasiado. Pero antes de eso, yo sé que hubo amor. Hubo amor amorir.
Hace meses tu sonrisa me removía por dentro como las mil y
una bajadas de la montaña rusa de tu cintura. Bonita barbie, triste que sólo
fuera una carcasa. Porque ahora, amor, sé que sólo fuiste plástico. Un monstruo
atrapado en el cuerpo de una perfecta muñeca. El cebo perfecto para atraer a
otro poeta más que se ahoga entre copas y copas, entre chupitos y caladas,
entre errores y cagadas.
Hace meses, la pasión para mi suponía algo más que encontrar
otra boca donde gemir y otra cama donde bailar acompañado del brillo de la luna
en la ventana el tango del hilo de tu tanga. Hace meses, pasión era verte.
Pasión era tenerte y creer como un idiota que no te perdería jamás, que ésta
amistad jamás se iría a pique. Seguramente lo mismo pensaron los pasajeros del Titanic respecto al transatlántico allá por mil
novecientos y pico. Dar mil novecientos no sé cuántos pasos hasta la luna, solo para subir al lugar
más alto y contemplarte desde ahí. Nunca me dieron miedo las alturas, por eso
estoy aquí. Ahora siento un extraño vértigo que me golpea en la boca de la
barriga. Qué miedo caminar sobre los tacones tan altos que llevas puestos,
nena, pero más miedo me daría ser el que camine a tu lado. Con las bolsas de la
compras en las que has bajado mi tarjeta, con el corazón temiendo ser destruido
por completo. Porque a ti, si te quieren, hieres. Necesitas mano dura,
necesitas a alguien con el corazón tan roto que los pedazos del tuyo no quieran
ni siquiera aplastarlo.
Hace meses eras mi amiga. Antes de ser mi gran amor y mi
peor catástrofe hubo un tiempo en el que fuimos amigos. Qué extraño y qué
pequeña comenzó a sonar ésa palabra cuando comenzamos a salir, qué fría y
grande se me hace ahora que no estás, ahora que no estoy, ahora que no somos.
Pero cuánto fuimos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario